Par Iñaki Urdanibia, 3 décembre 2025
Sur Kaosenlared.
Hay vidas cuyo desarrollo puede considerarse objeto de una historia, que en sus peripecias puede dar la impresión de que se está ante una imaginativa ficción; recurriendo a una intempestiva cita: hay vidas que pesan menos que una pluma mientras que otras pesan más que una montaña. La vida Victor Serge, su verdadero nombre era Victor-Napoleón Lvóvich Kibáltchich, Bruselas, 30 diciembre, 1890 – México, 17 noviembre 1947) pertenece con todo merecimiento a este tipo de existencias. Toda su vida discurrió au milieu de la mêlèe, ya que acudía al corazón de las luchas por la libertad y la justicia no como espectador sino con absoluta entrega, aun a riesgo de su vida.
Ahora Pepitas de calabaza en colaboración con Fal (Fundación de Estudios Libertarios de Anselmo Lorenzo), publican una obra, que no tiene desperdicio, de Claudio Albertani (Milán, 1952): «Rebelión y anarquía. El joven Victor Serge (1890-1919)». El seguimiento del personaje, que devendría una de las grandes figuras de la lucha revolucionaria, es tan detallado que podría decirse que el autor pisa los talones al presentado, sirviéndose para ello en los propios textos de Serge, tanto libros como artículos en diferentes revistas, consulta de archivos varios, además de las conversaciones son su hijo, Vlady, y con otras personas que se codearon con el sujeto. El trabajo es de hondura ya que seguir las muchas vidas -título de unos del los capítulos de la obra- exige muchas pesquisas si en cuenta se tiene la movilidad de Serge, los seudónimos (Le Rétif, Yor, Ralph, Victor Serge, L.R., o V.S. Le Rétif) con los que firmaba sus intervenciones en revistas libertarias de diferentes geografías (Le Communiste, Le Révolté, Bulletin de l´Internationale Anarchiste, Le libertaire, Les Temps Nouveaux, la Ére Nouvelle, Les Réfractaires, l¨anarchie, Tierra y Libertad…y otras Mêlèes).
Víctor Serge militó en el anarquismo, más tarde acudió a Rusia, de donde eran originarios, a la llamada de la revolución, militando en el partido bolchevique llegando a ocupar cargos en el Komintern, para después posicionado en la oposición de izquierda, debido a lo que fue detenido en 1933, siendo liberado tres años después debido a la campaña internacional promovida por Andre Gide, Romain Rolland; ya en libertad tomó contacto con Trotski, del que separó con rapidez. Murió en un taxi en Ciudad de México, como la fotógrafa Tina Modotti, a quien por cierto Serge no miraba con buenos ojos….todo da por pensar que en la capital mexicana no era recomendable tomar un taxi al menos para ciertas personas. Todos estos cambios en su militancia, que parecía asemejarse a lo que Aristóteles decía del ser, ya que la revuelta como el ser se dice de múltiples maneras, lo que hizo que fuera atacado por tirios y troyanos: uno considerándole un traidor, otros un estalinista redomado, además los de más allá usaron para definirle otras lindezas nada amables.
Ocho pasos son recorridos por el libro que se centra en los años de juventud de Serge, tiempos anarquistas que no han sido tratados de manera especial, lo que hace Claudio Albertani es precisamente, reparando la injusticia, presentar estos años, comenzando con un capítulo en el que aclara el proyecto de escribir sobre el tema, una y otra vez abandonado, dándose la casualidad del hallazgo de diferentes materiales del propio Serge facilitados por Vady, y otras personas que trataron con el retratado.
Claudio Albertani echa la vista atrás, hurgando en el pasado de los padres de Victor Serge, y ello le sirve para ofrecer una panorámica de cuál era la situación de ebullición en Rusia, presentándose las fuerzas en escena, y retratándolas: socialistas revolucionarios, nihilistas, populistas, sus organizaciones y algunos atentados seguidos de detenciones y penas de muerte. Algunas derivas dejan ver algunos tiras y aflojas en la primera internacional, y los representantes de las dos fracciones enfrentadas: Bakunin y Marx, del mismo modo que asoman algunos militantes del partido socialdemócrata ruso como Vera Zasúlich. Plejanov y, por supuesto, Validmir Illich Ulianov.
La carrera de rebeldía se inicia en Bélgica, en donde Serge, dejado de la mano de dios, se busca la vida, decidiendo no cursar estudios reglados sino convertirse en una autodidacta, leyendo todo lo que cae en su mano, desde Émile Zola a Pietr Kropotkin, Gustave Faure y compañía, sin obviar los clásicos rusos, a esta apertura de horizontes ayudará el establecimiento de unos amigos, constituyendo la banda de los cuatro, a modo de un armonioso falansterio, organizando conferencias sobre el amor libre, cultivando legumbres y elaborando distintos productos de cerámica, con el sello anar. Ciertas amistades, con Raymond Callemin -Raymond la Science- y con la anarquista Rirette Maîtrejean (1887-1968) va a suponer que se le involucre con la banda de Bonnot, en grado de cerebro del grupo, siendo detenido y juzgado por la justicia francesa; fue su primera detención a la que más tarde seguirían otras; vemos los avatares de su encierro y las compañías forzadas, si bien afirma que en bastantes humanos brillan destellos divinos. Junto a la compañera nombrada, Rirette, se convirtió en animador de la publicación l´anarchie; ella le impulsó a la lectura de Max Stirner, lo que -según Albertani, vino a desembocar en la tendencia individualista solidaria de Serge; a las relaciones entre esta mujer y Serge se dedican unas páginas que además de ver la estrecha relación e influencia que la mujer tuvo sobre Serge, rescata la figura de la brillante militante anarquista.Tras verle viviendo en los márgenes de Bruselas, vinieron los de París es seguido en sus andanzas parisinas, donde ya en prisión, la trituradora, donde permaneció entre 1912 y 1917, le vemos en la Barcelona obrera e insurrecta, en situación pre-revolucionaria.
Claudio Albertani nos descubre al joven rebelde, ajeno a cualquier espíritu gregario, en sus años del formación en la lucha, ofreciendo de paso un detallado retrato de aquellos años de florecimiento del anarquismo, y las divisiones que se daban en su plural seno, mostrando la reivindicación de necesaria consonancia entre los medios y los fines, ya que según afirmaba las bellas ideas por las que se luchaba no debían empañarse con medios brutales, oponiéndose al odio y a solucionar las cosas por medio de bombas.
Las páginas de la obra se pasan con avidez ya que no hay momentos de relleno, sino que en todas las páginas irrumpen las ideas y la fuerza del personaje y su medio, sin que ello suponga, por supuesto, superficialidad, sino que la abundancia de rigurosa información queda plenamente integrada en el relato que nos presenta a un rebelde, un refractario que no temía disentir de las ideas de la sociedad bien pensante.





